En una tienda de especias europea, dos frascos están colocados uno al lado del otro. Ambos llevan la etiqueta "pimienta de Kampot". Uno cuesta ocho euros por cincuenta gramos. El otro, ochenta. La diferencia no es marketing.
La región de Kampot, en el sur de Camboya — una estrecha llanura costera entre las montañas de los Cardamomos y el golfo de Tailandia — ha cultivado pimienta durante al menos siete siglos. Tras los años de los Jemeres Rojos, casi toda la producción quedó destruida.
Los tres criterios de la IGP
El pliego de condiciones es preciso en tres puntos comercialmente relevantes. Primero, la geografía: la pimienta debe cultivarse, secarse y procesarse dentro de un perímetro definido de las provincias de Kampot y Kep. Segundo, la variedad: sólo se permiten cultivares de *Piper nigrum* históricamente asociados a la región — concretamente la variedad local *Kamchay*. Tercero, el proceso: recolección manual, clasificación por color y grado de madurez, y secado al sol en camas elevadas sin asistencia mecánica.
Por qué la diferencia de precio es real
Una pimienta industrial llega al importador entre tres y seis euros por kilogramo. Una pimienta de Kampot certificada, trazable hasta un productor y número de lote, cuesta entre cuarenta y setenta euros en la finca. No es una prima por una historia — es el coste de una estructura de trabajo que hace posible esa calidad.
La Kampot Pepper Promotion Association mantiene un registro de productores. Las fincas certificadas llevan un número de lote que debe aparecer en el envase. Un producto vendido sin número de lote trazable formula una afirmación que no puede sustentarse legalmente en la UE.
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